23 diciembre 2014

Árboles...

A veces las horas sólo pasan,
vuelan,
como vuelan las hojas en el otoño,
y se acumulan, lentamente como días,
y se amontonan,
en algún rincón de la vida; esa,
nuestra vida,
que se nos escapa.

Ese tiempo,
el que no nos pertenece
y nunca nos perteneció,
el que se escurre entre nosotros,
huye,
que ya nos abandonó.
Pareciera que hemos hecho tanto,
y siempre a sido nada;
nuestro árbol se deshoja.
Hemos intentado cuidarlo, sin siquiera saber cómo,
hemos intentado mantenerlo en pie, frente a todo.

Entre ramas secas y vacías,
muy en el fondo,
dentro,
aún queda vida;
podemos reverdecer,
aunque recordemos el frío de la última vez,
¿porqué no comenzar a sentir el calor
que el sol irradia sobre nuestra piel?
ya falta nada, ya falta menos,
para renacer.

Y ahora, de a poco,
florecemos,
habiendo aprendido a soportar el invierno,
en un ciclo que se repite:
el de tu vida, el de la mía,

el de la única que tenemos.

Algún día ya no deberemos preocuparnos,
alguien hará de nosotros un libro,
de nuestro árbol;
seremos paginas, entre sus manos,
y contaremos una historia de verdad,
y volaremos entre abrazos,


y no querremos escapar.

__M.O.