25 mayo 2014

Invierno...

Mis manos se quemaron con el calor de ese desierto, en el que sin ver intenté leerte, una tras otra cada noche en las que quedábamos ciegos, [en las que recorrí beso a beso, cada centímetro de tu cuerpo]. Afuera llovía, pero no fue suficiente, nosotros seguíamos sedientos; afuera el mundo se congelaba mientras, por dentro, estábamos ardiendo.
Ya no recuerdo si fue en verano o en qué momento, mucho hacía ya que habíamos perdido la noción del tiempo; tampoco sé si fuimos reales o si sólo jugamos a interpretar personajes de un cuento. Pero, al final de todo, siempre nos invadió el frío, siempre nos dominó el silencio.
Es cierto que lo nuestro supo a mucho más, pero ciertamente no hubo más que invierno. 
__M.O.