25 septiembre 2013

En el espejo…

Lo veo en sus labios, en el rojo de sus ojos. Tiene ganas de llorar; sin motivo alguno, la tristeza se apodera de él; una vez más las lágrimas no se hacen esperar. 
Sus sueños se hacen pequeños, ya no tiene los mismos deseos; la meta que se ha propuesto aún se encuentra demasiado lejos. 
Prefiere no decir nada y aún así, su voz interior no consigue callar; en su mente, el silencio se hace desear. Tendría que aprender a olvidar, quizá ya no debiera pensar. 
En su pecho la desazón ha vuelto a anidar. El frío llegó y no se quiere marchar. La cálida sensación de libertad que adquirió cuando dijo la verdad, en poco tiempo se ha llegado a esfumar. Su felicidad no reside en lo que, de él, otros puedan pensar, y sin embargo necesita de alguien que lo quiera escuchar. 
Cree que detrás de un muro de piedra se debería ocultar; que un gesto severo es el mejor escudo que puede enseñar. No le preocupa el que lo puedan aprobar, pero tiene cosas que demostrar. Hoy, no le interesa ser amado, lo que necesita es amar. Algo que creía sencillo de encontrar, ahora, se convierte en una necesidad difícil de concretar. 
No sabe lo que busca; sólo espera por una sensación que lejos de sí mismo le permita volar. Una excusa por la que cada día despertar, un pretexto por el que luchar. 
En su reflejo ve todo lo que intenta ocultar; el “yo” del espejo le muestra todo lo que en primera persona le es imposible apreciar.

__M.O.